Reflexión para el Adviento

“Una buena pregunta para este tiempo sería ¿qué es lo que yo realmente espero, qué anhelo, que llenaría mi vida?

En el adviento nos enfrentamos con la realidad de la vida y, al mismo tiempo, con nuestros anhelos,  que desbordan la realidad de nuestra vida. Reconocemos que nuestra nostalgia es tan grande que nada ni nadie podrá satisfacerla. Tampoco el éxito más grande, ni la mejor calificación de un examen, ni las más hermosas vacaciones: nada podrá saciar nuestras ansias.

El adviento es tiempo propicio para sentir el consuelo de todos nuestros desengaños.  Mi amigo, mi consorte, la comunidad o sociedad donde vivo, todo es muy mediocre. Yo había esperado más de ellos. Mi profesión no me llena, con tanta monotonia, rutina e incomprensión. Sin embargo, en lugar de quejarme, podría decirme: está bien que así sea, que no encuentre en ello mi último logro, que los hombres no llenen mis esperanzas, porque esto me permite orientar hacia Dios mi nostalgia, esto me empuja hacia Él.

Si contemplo así mis desengaños, podré reconciliarme con la vulgaridad de mi vida sin caer en la resignación, sino todo lo contrario: precisamente esa banalidad de mi vida mantendrá despierto mi anhelo de Dios. Y así podré celebrar el Adviento, esperando que el mismo Dios irrunpa en esta vida, entre en mi mediocridad y de esta forma, transforme todo.

Muchos no pueden soportar esta nostalgia y tienen que ahogarla, y así su anhelo se pervierte y se convierte en adicción. Enferma, se vuelve “drogadicto”, porque no quiere enfrentarse en su corazón con us propia nostalgia o no puede mas. El miedo ante el vacio que la nostalgia nos revela llega a ser tan grande que hay que tapar semejante agujero a toda costa, cueste lo que cueste. De lo contrario, se estaría inseguro en el enfoque de la vida, que está completamente orientado a la satisfacción de los deseos de aquí abajo. No se quiere mirar por encima del vallado de este mundo de puro miedo a que la mirada poeda caer en un pais que esté regado de leche y de miel, lo cual obligaría a exiliarnos de nuestro propio territorio. Nos pasa lo mismo que a los enviados de Israel, que se quedaron fascinados con la tierra prometida pero que, por miedo, describieron a los hombre de ese pais como enemigos gigantes porque no querian arriesgarse a salir del entorno conocido.

Celebrar el Adviento es una oportunidad de transformar nuestras huidas y miedos en deseos positivos.   En el Adviento podemos entrar en contacto con los sueño de Dios en nosotros y descubrir nuestras posibilidades. “

Ánimo y adelante.

Autor: Anselm Grün y Michael Reepen.

 

 

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